El Señor de los Misterios - Volume 9 - LOTM Capítulo 1402
CapÃtulo 1402 La Vida Cotidiana de una Persona Ordinaria (8/8)
La escena frente a él era tan común que Barton no sintió que hubiera algo malo en ella.
Aunque vagamente sintió que habÃa algo familiar en ella, no pensó que valiera la pena preocuparse por eso.
¿Cómo podrÃa una escena cotidiana no ser familiar?
Su mirada se desvió mientras miraba hacia el cielo. Vio la luna carmesà colgando silenciosamente en el cielo, brillando con luz, haciendo que su estado de ánimo se calmara involuntariamente.
En ese momento, Barton pareció haber dejado caer una carga invisible. Su cuerpo y mente estaban inusualmente relajados. Ya no tenÃa el mismo miedo, ansiedad y frustración de antes.
Su intuición espiritual le dijo que el asunto de Vernal habÃa llegado a su fin y ya no afectarÃa su vida.
“Santo Señor de las Tormentas. Señor, gracias por tus bendiciones”. Barton inmediatamente golpeó su pecho izquierdo con su puño derecho y murmuró para sà mismo.
Sin ansiedad ni tensión, sintió que el agotamiento lo abrumaba como una inundación. Surgió de las profundidades de su alma, ahogando su cerebro, sus miembros y cada célula de su cuerpo.
Barton no pudo evitar usar el dorso de su mano para cubrir su boca. Bostezó, pero una sonrisa satisfecha apareció en su rostro.
No se quedó en el estudio por más tiempo y se volteó para irse. Regresó a la habitación y tomó un baño agradable, disfrutando mientras bebÃa una pequeña copa de vino tinto.
Esa noche, Barton ya no soñó y durmió excepcionalmente bien.
Cuando se despertó por la mañana, su mente estaba relajada y su ánimo estaba elevado. Era como si hubiera obtenido una nueva vida.
Mirando a su esposa que aún dormÃa a su lado, Barton se levantó cuidadosamente, cambió de ropa y caminó por el vecindario.
Nunca habÃa notado lo maravilloso que era su distrito.
El aire era fresco, el ambiente era tranquilo y el paisaje era agradable. Incluso los peatones eran cultos.
Esto hizo que el estado de ánimo de Barton fuera aún mejor. Una vez más, comprendió profundamente que el asunto con Vernal habÃa llegado a su fin y habÃa vuelto a su vida normal y tranquila.
Mantuvo su estado de ánimo y regresó a casa para disfrutar del desayuno con su esposa e hijos.
Durante este proceso, incluso le contó a su esposa sobre un chiste que leyó en los periódicos y cumplió las pequeñas peticiones de sus hijos.
Al ver las sonrisas en los rostros de su esposa e hijos, Barton se sintió satisfecho.
Luego, se puso su abrigo, sombrero y bastón antes de salir a tomar un carruaje público sin rastros. Caminó todo el camino hasta la Fundación de Búsqueda y Preservación de Reliquias de Loen en la periferia de la ciudad.
Después de entrar a su oficina, Barton encontró su ritmo diario habitual. No se puso a trabajar de inmediato, sino que preparó el té negro herbal especial que habÃa preparado él mismo.
Con el té negro, leyó con tranquilidad los periódicos a los que no se suscribÃa en casa. Luego, recogió las cartas y documentos que habÃa recibido y los leyó.
Tal proceso y ritmo le hicieron sentir excepcionalmente cómodo.
La única diferencia era que Barton todavÃa estaba un poco preocupado por recibir otra carta de Vernal.
Sin embargo, esta preocupación no se convirtió en realidad.
Unos quince minutos después, alguien golpeó la puerta de su oficina.
“Pase”. Barton levantó su taza y tomó un sorbo de su té negro.
La persona que entró fue el director adjunto de apariencia ordinaria del Departamento de Cumplimiento, Pacheco Dwayne, quien no tenÃa caracterÃsticas destacadas pero aún lograba emitir una vibra cálida y amigable.
“¿Dormiste bien anoche?” preguntó Pacheco mientras estaba en la puerta.
“Excelente”. Baton no ocultó nada.
Pacheco asintió y sonrió.
“Parece que realmente te has deshecho de los efectos de este asuntoâ.
Barton no mencionó la “pesadilla” que habÃa tenido. En cambio, preguntó: “¿Y tú?”
“Yo también dormà muy bien”, respondió Pacheco con una sonrisa. “La policÃa ya se ha hecho cargo de este asunto. Se dice que encontraron a Vernal anoche. Desafortunadamente, al parecer, se encontró con alguna desgraciaâ.
“Pobre alma, espero que pueda descansar en paz”. Barton no oró para que el Señor lo protegiera, porque Vernal ya habÃa abandonado su fe en el Señor de las Tormentas. Si realmente hubiera alguna bendición que otorgar, entonces definitivamente serÃan ráfagas de rayos y tormentas.
Dicho esto, pensó en la ayuda que Pacheco habÃa brindado y su actitud amigable. Dijo, “¿Comemos juntos más tarde?”
“¿Invitas tú?” preguntó Pacheco con una sonrisa.
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