El Señor de los Misterios - Volume 2 - LOTM Capítulo 215
CapÃtulo 215: Señora Sammer
“¿Vieron a un chico adolescente? ¡Está usando un abrigo viejo!” Uno de los hombres que irrumpieron en el vagón le preguntó ferozmente al conductor.
Klein miró al hombre de reojo. Era delgado y fibroso; su piel de un tono oscuro por la prolongada exposición al sol. Sus ojos estaban más hundidos que el ciudadano promedio del Reino Loen.
¿Un montañés? ¿O un mestizo? Asintió pensativamente.
En medio del Continente Norte, donde comenzaba la cordillera de Hornacis, habÃa un altiplano extremadamente caluroso y seco. La mayor parte pertenecÃa al Reino Feynapotter, mientras el área oeste a la República Intis. El área este era del Reino Loen. Sus nativos eran delgados y bárbaros, pero valientes y hábiles en la guerra. Hace mucho, fueron uno de los mayores problemas para las tres naciones. Pero con los avances en pólvora y los cambios en la forma de hacer la guerra, estos montañeses finalmente reconocieron la realidad y se sometieron.
Muchos dejaron las tierras altas y entraron a Backlund, Trier, Ciudad Feynapotter y diversas ciudades o puertos prósperos en el Continente Norte. Algunos eran trabajadores, otros matones de las trÃadas locales. Se atrevÃan a matar y no les temÃan a situaciones espinosas.
El conductor era un hombre de unos veinte años. Retrocedió asustado ante eso y señaló hacia el vagón de tercera clase.
“Lo vi… Fue para allá”.
El lÃder, con abrigo negro y sombrero de copa, asintió imperceptiblemente. Guió a sus hombres y corrió al vagón de tercera clase, sin importarle los pasajeros alrededor.
Si yo fuera ese chico ya me habrÃa bajado del vagón de tercera clase… Klein leyó su periódico mientras dejaba divagar sus pensamientos.
Casi un minuto después, el tren silbó y se cerraron las puertas del vagón.
¡Chucuchú! El metro a vapor comenzó a acelerar mientras avanzaba. Pero en ese momento Klein sintió algo y alzó la vista hacia la puerta que llevaba a los otros vagones de segunda clase.
El chico adolescente entró lentamente al vagón con su viejo abrigo, sombrero redondo y desgastada mochila.
LucÃa adolescente, con facciones refinadas. Sus ojos rojos eran sobrios y solemnes.
…Impresionante. ¿Se bajó del vagón de tercera y dio la vuelta para volver a entrar por el de primera? ¿TemÃa que sus perseguidores tuvieran cómplices esperándolo en la estación del metro? Klein estaba ligeramente sorprendido. Sintió que el manejo de la situación del chico era bastante maduro y cuidadoso. Estaba mucho mejor que la mayorÃa de gente de veinte años.
Presionó ligeramente su molar izquierdo y activó secretamente su Visión Espiritual. Examinó al chico y vio que estaba fatigado. Sus emociones estaban tensas y desanimado. Sin embargo, aún mantenÃa un azul que representaba calma mental.
Impresionante… a su edad… Murmuró Klein en silencio mientras bajaba la cabeza y seguÃa leyendo sus papeles.
El chico no notó que lo habÃa examinado un Beyonder, se dirigió de nuevo al vagón de tercera.
El resto del viaje ocurrió estable y tranquilamente. Veinte minutos después Klein llegó a una de las tres estaciones de tren en el Barrio Cherwood.
Tomó un carruaje alquilado por casi diez minutos antes de encontrar la calle Minsk. Según las descripciones del periódico, llegó a la Unidad 17, junto a la 15, y tocó el timbre.
¡Cucú! ¡Cucú!
Mientras resonaban sonidos dentro de la casa, sobre la puerta saltó un pájaro mecánico no muy elegante. TenÃa el tamaño de una palma y estaba hecho de engranajes y otras piezas. AsentÃa constantemente la cabeza emitiendo el sonido de un cuco.
No es un juguete malo. Simplemente no está muy bien elaborado… Klein hizo una evaluación objetiva.
Casi veinte segundos después, la oscura puerta se abrió. Una joven doncella vestida de blanco y negro miró a Klein con cautela y preguntó:
“¿En qué puedo ayudarle?”
Klein sonrió y agitó su bastón que ahora envolvÃa los periódicos.
“Vengo a ver a la Señora Sammer por el alquiler de una casa. Supongo que aún no se ha rentado, ¿verdad?”
El nombre completo en el periódico era Stelyn Sammer.
“En absoluto. Por favor espere un momento”. La doncella inclinó educadamente la espalda.
Se apresuró al interior y le informó a su señora. Momentos después, salió y lo invitó a pasar. Luego lo ayudó a dejar su bastón y equipaje en el recibidor, y colgó su abrigo y sombrero en el mismo lugar.
Una cálida ráfaga de aire lo inundó, dispersando el frÃo que Klein habÃa traÃdo. Examinó el área y primero vio una chimenea de diseño único. Dentro ardÃan pedazos de carbón rojo sin humo.
La sala de los Sammer era bastante amplia. Casi equivalÃa en área a toda la primera planta de los Moretti. Ciertas zonas estaban decoradas con alfombras o pinturas de hermosos paisajes.
La doncella llevó a Klein al sofá y dijo a su señora con vestido amarillo pálido: “Señora, el invitado está aquÔ.
La señora tenÃa unos treinta años. Rubia y de ojos azules, se veÃa bastante atractiva y habÃa preservado bien su juventud. En su mano tenÃa un abanico enjoyado de plumas reales.
Como estaba en casa y la chimenea proporcionaba calidez, no llevaba nada alrededor del cuello, dejando ver su blanco busto y largo cuello brillante.
“Buenas tardes, Señora Sammer.” Klein se llevó una mano al pecho e hizo una reverencia.
La Señora Sammer sonrió de manera reservada.
“Buenas tardes. Por favor, siéntese. ¿Desea café o té?”
Klein se sentó en el sofá y respondió con franqueza: “Té, por favor”.
“Julianne, Té Negro Marqués”, indicó la Señora Sammer. Luego dirigió la mirada a Klein y preguntó: “¿Cómo debo dirigirme a usted?”
“Sherlock Moriarty. Puedes llamarme Sherlock”. Klein ya tenÃa pensado ese nombre falso.
En ese momento captó un aroma desde la cocina y vio tuberÃas complicadas.
“Jeje, esos son diseños de mi esposo. Aunque su trabajo real es gerente de la CompañÃa Coim, es un entusiasta de la maquinaria. También es miembro de la Asociación para la Reducción del HollÃn del Reino”, explicó sonriendo la Señora Sammer al notar la mirada de Klein.
Señora, no necesita entrar en tantos detalles. No vine a tener una cita a ciegas con su esposo… Klein se burló internamente mientras decÃa sin que su sonrisa decayera: “Señora Sammer, deseo rentar la Unidad 15”.
La Señora Sammer enderezó la espalda y se sentó elegantemente. Dijo sonriendo:
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